Su recuerdo la quemaba en vida, no era más que cenizas de lo que alguna vez fue, polvo arrastrado por el viento, restos de algo, piezas que por más que lo intentaba no lograba juntar.
Le destruía el alma hasta hacerle perder el contacto consigo misma, sabía que no podía seguir así, ella necesitaba sentir, sentirse viva, sentirse amada, necesitaba sentir que valía la pena su existencia.
Sabía que estas nuevas constumbres le hacía mal, sentía como estaba pudriendose en vida, pero por más que quisiera cambiar, no encontraba las fuerzas o quizas una motivación.
Miraba con desprecio su propio reflejo, tratando de encontrarse, ¿acaso podría hallar algún pretexto para sus acciones? La realidad es que procuraba no pensarlo mucho, porque cuando intentaba encontrar una buena razón, todo le parecía falso, sabía que solo intentaba justificarse por el tipo de persona en la que se había convertido, aunque probablemente esa persona siempre estuvo dentro suyo, esperando que el vaso se derramara para tomar el control.
Era consciente de que había llegado a su límite, estaba al borde del precipio, ante un gran espacio vacío y en cualquier momento saltaría hacia el abismo.