Lo mire y lo primero que quise fue reclamarle por no ser
lo que debía, por no cumplir mis expectativas y por privarme de tantas cosas,
de correr, de usar la ropa que me gustaría, de las veces que he sentido que me
deja en vergüenza, por tener manchas, por tener un mayor peso, por las
cicatrices, por los dolores extraños y por tantas cosas más
Pero mientras más lo miraba más notaba lo mucho que había
resistido, las caídas de infancia a pesar de mi torpeza motriz, su resistencia
al frío, su resistencia a los abusos, a los empujones, a los propios malos
tratos, su manera de reponerse de la lesión, a las temporadas de pereza, su
resistencia a la carga emocional que le dado, al poco respeto que en ocasiones
le he tenido, al daño que le he hecho y a lo procrastinación a la que lo he
sometido.
Mientras más lo miraba, más notaba lo mucho que me ha
dado y lo no tan bueno que ha recibido.
Más notaba lo mucho que quería cuidarlo, lo bello que era
y la inmensa fuerza y resistencia que me había brindado en mi recorrido.
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