ESCRITO EN OCTUBRE DEL 2020
Miro el cielo y las nubes, miro
la frágil lluvia caer, siento el viento erizar mi piel, y la pregunta se repite
una y otra vez ¿Qué es el amor incondicional? Me quedo pensando y reflexionando, ¿qué acaso no todo amor es incondicional?
“Incondicional” es una palabra
larga y su significado es aún más basto, es algo absoluto, sin limitaciones y
sin condiciones. Si pienso en el amor incondicional lo primero que pasa por mi
mente es Dios, pienso en Dios creándonos, dándonos todo, pienso en él
entregándonos a su hijo y perdonándonos incluso cuando lo ha hecho una y otra
vez; sin descanso nos ha amado y nos da la oportunidad de volver siempre a él.
El amor incondicional es eso, es
sentimiento y es acción, es querer siempre lo mejor, sin importar
equivocaciones o decepciones, y es que no puedo evitar pensar que el amor en sí
ya es incondicional, ¿cómo desear el mal podría ser amor? Cuando amas, deseas
ver a tu ser amado feliz, pleno, deseas verlo crecer, verlo brillar, porque
conoces la luz que lleva dentro, conoces lo mucho que vale, conoces sus
virtudes y defectos, y a pesar de todo, cada día decides amarlo.
El amor incondicional no se
rompe, no destruye, no juzga, no reprocha, no sufre.
El amor incondicional se
fortalece, se renueva, comprende, aconseja y disfruta.
El amor incondicional es aceptar
sin pensar en los beneficios, es amar incluso sin que sea recíproco, porque
trasciende del comportamiento y del sentimiento del ser amado, es alegre y
nunca nunca espera nada a cambio.
El amor incondicional es lo que
cada día deseo transmitir, es lo que a mis alumnos les quiero enseñar, es
verlos caerse y ayudarlos a levantarse, es guiarlos y animarlos incluso cuando
no creen en ellos mismos, es sentir que mi alma se llena al verlos lograr
aquello que nunca imaginaron.
El amor incondicional es lo que
siento por él, es aceptar que nuestros caminos están mejor separados, es querer
verlo bien, es sonreír al recordar su nombre y el latir fuerte de mi corazón al
verlo cumplir aquello que siempre soñó, es seguir creyendo en el increíble ser
humano que sé que tiene en su interior.
El amor incondicional es lo que
siento al ver a mi madre, al conocer sus defectos y comprender que nunca
seremos iguales, es escuchar sus regaños, enojarme y darle un abrazo al
finalizar, es preocuparme por ella, por su felicidad, es no juzgarla por sus
creencias, es aceptarla con sus manías y disfrutar su mirada cuando tomamos
café al despertar.
El amor incondicional es lo que
siento al ver a mi hijo despertar, al corregirlo una y otra vez, al darle lo
mejor de mí, al luchar por su bienestar, al entenderlo cuando hace algo que
está mal, es querer verlo crecer en espíritu, es querer verlo triunfar y no
esperar que permanezca a mi lado, porque sé que un día su propio camino
encontrará.
El amor incondicional es aquello
que añoro y que en ocasiones olvido que también yo me puedo dar.
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