martes, 23 de mayo de 2023

Escuché tu llamado


El covid nos cambió la vida a todos porque nos obligó a estar en casa, quizás para algunos ha sido más fácil o quizás ha sido más difícil, pero me gustaría compartir mi experiencia personal.

Desde muy pequeña me considero una persona responsables y al ser madre joven, tuve que adquirir ciertas responsabilidades.

Antes de la cuarentena dedicaba mi vida a trabajar, estar con mi hijo, mantenerme ocupada y a salir.

A pesar de cumplir con mis responsabilidades, dedique mi tiempo libre a vivir de fiesta en fiesta y no me detenía a pensar.

La realidad es que cada vez que mi vida se detenía no podía evitar sentir un vacío y una soledad impresionante, así que me lo esforzaba porque nunca se detuviera 

Pero, ¿que creen? La pandemia y la cuarentena me obligaron a detenerme, me obligaron a mirarme, a conocerme y vivir aquellos sentimientos que había mantenido dentro de mi por años.

Caí en una crisis que es difícil de expresar con palabras y por un momento sentí que nunca encontraría la manera de salir de ese dolor.

Me sentí más sola que nunca.

Todo aquello que me rodeaba me parecía distante, familia, pareja, amigos, trabajo. Todo me parecía falso y sin sentido; y lo único que deseaba era alejarme de todo, pero no podía alejarme de aquello que me dolía más y eso era de mi misma, de los malos recuerdos, de las malas decisiones , de las veces que me devalúe como ser humano, como mujer. No podía alejarme de los abusos y de la soledad con la que había vivido cada uno esos momentos.

¿Cómo había podido cargar con eso durante más de 20 años? ¿Cómo pude ignorar mi propio dolor?

Pero he tenido que vivir mi dolor, he tenido que llorar noches enteras, he tenido que aceptar la realidad por dolorosa que fuera.

Y en medio de mi dolor, comencé a descubrir la realidad, empecé a ver qué era aquello que me hacía daño, empecé a descubrir que no estaba tan sola como pensaba, que tenía algunos amigos olvidados que siempre habían estado junto a mi, que deseaban verme bien.

Y que difícil ha Sido aceptar que ciertas cosas o acciones mías lo único que habían hecho era hundirme más, pero fue más difícil aún tomar la decisión de alejarme, de sacar de mi vida los comportamientos autodestructivos, pero había algo en mi que me decía que el momento había llegado.

Casualmente esta sensación comenzó a emerger en mi interior a partir de un suceso, que no me había atrevido a compartir y ese suceso fue mi confirmación en la iglesia católica.

Recuerdo que unos días antes me sentía totalmente destrozada y perdida, no sabía hacia donde dirigir mi dolor o mi futuro.

Esa noche escuché la misa a conciencia y cada palabra que escuchaba, sobre el perdón, sobre tener un nuevo comienzo, me dieron esperanzas y fe, en medio de la crisis, en medio de la pandemia, escuchar su llamado, fue un rayo esperanzador

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